¿Te has preguntado alguna vez qué fácil es, en realidad, no hacer nada?
O quizá la pregunta sea justamente la contraria: ¿qué difícil puede resultar simplemente estar?
Vivimos rodeados de estímulos, pensamientos, responsabilidades, emociones y experiencias que mantienen nuestra mente en constante movimiento. Muchas veces funcionamos en automático, siguiendo hábitos, patrones y creencias que hemos ido incorporando a lo largo de nuestra vida.
Y, sin darnos cuenta, podemos alejarnos de nuestro centro.
Ese lugar interno desde el que podemos observar con mayor claridad, sentirnos presentes y reconocer qué necesitamos realmente.
Volver a tu centro es también comenzar a reconocer nuestro eje interior, ese espacio desde el que podemos observarnos con mayor claridad y volver a conectar con nosotros mismos.
Encontrar nuestro eje no siempre resulta sencillo. Nuestra mente puede dar vueltas y vueltas, creando historias, anticipando situaciones, buscando respuestas o intentando controlar aquello que todavía no comprendemos.
¿Cuándo fue la última vez que simplemente estuviste presente?
Sin intentar llegar a ningún lugar.
Sin buscar una respuesta.
Sin luchar contra lo que estás sintiendo.
Simplemente estando.
La toma de consciencia
Tomar consciencia es comenzar a observar.
Observar nuestros pensamientos sin convertirnos en ellos.
Observar nuestras emociones sin quedar atrapados en ellas.
Observar nuestros patrones, nuestras identificaciones y aquello que nos aleja de nuestro equilibrio.
Cuando empezamos a mirar desde otro lugar, algo cambia.
Ya no se trata únicamente de intentar controlar la mente o conseguir que deje de pensar. Se trata de reconocer lo que está sucediendo en nuestro interior y permitirnos estar presentes ante ello.
La presencia nos permite observar lo que sucede sin necesidad de luchar constantemente contra nuestra propia experiencia.
Este proceso puede abrirnos a una percepción más profunda de nosotros mismos y de nuestro propio camino.
En este contexto nace Tot Consciència, un recorrido a través de símbolos orientados a acompañar diferentes procesos de expansión y evolución de la consciencia.
Tot Consciència – Redención
Tot Consciència está compuesto por 8 símbolos y representa la Redención.
Estos símbolos están orientados a acompañar nuestro cuerpo físico en el proceso de gestionar y alinearnos con la nueva frecuencia de la Tierra y con los cambios que están produciéndose en el plano de consciencia en el que nos encontramos.
Su propósito es favorecer una mayor apertura de la consciencia y potenciar aquellos dones, capacidades y virtudes que forman parte de nosotros de manera innata.
Porque muchas veces no se trata de convertirnos en alguien diferente.
Se trata de reconocer aquello que ya existe en nosotros.
Al entrar en contacto con esta dimensión de la consciencia, podemos comenzar a reconocer con mayor claridad nuestro Camino y nuestro propósito, y a poner nuestras capacidades al servicio de aquello que sentimos que hemos venido a experimentar y compartir.
Consciència és Tot – Rendición
Consciència és Tot está formado por 6 símbolos y representa la Rendición.
Después de comenzar a tomar consciencia, aparece otro paso fundamental: aprender a estar verdaderamente Presentes.
La presencia nos permite profundizar en nuestro proceso de evolución y observar aquellas capas con las que nos hemos identificado a lo largo de nuestra experiencia.
El ego, las creencias, los personajes que hemos construido, las expectativas, los miedos y las historias que nos contamos pueden llegar a ocupar tanto espacio que olvidamos algo esencial:
quiénes somos más allá de todo ello.
La rendición no significa resignarse.
Rendirse puede ser dejar de luchar contra lo que es.
Dejar de intentar controlar cada movimiento de la vida.
Permitirnos soltar aquello que ya no necesitamos sostener.
Es un proceso de liberación de las capas de lo que creemos ser para acercarnos, poco a poco, a SER lo que SOMOS en realidad.
Una invitación a trascender la aparente separación y la dualidad, abriéndonos a una experiencia de unión con el TODO, el UNO o la NADA, según cómo cada persona quiera nombrarlo.
Porque, en esencia, el nombre importa menos que la experiencia.
Consciència Absoluta – Expansión
Consciència Absoluta está compuesto por 8 símbolos y representa la Expansión.
Aquí el proceso se abre todavía más.
Se trata de asentar la consciencia de aquello que SOMOS y llevar esa comprensión a nuestra experiencia cotidiana.
No únicamente comprenderlo desde la mente, sino experimentarlo en nuestra vida.
Reconocernos como un Espíritu encarnado en un Alma, experimentándose a través de un cuerpo.
Reconocernos en conexión con el TODO.
Con la Divinidad.
Con la vida.
Con los demás.
Cuando esta consciencia comienza a integrarse, nuestra manera de percibir la existencia puede transformarse. La sensación de separación puede ir dando paso a una experiencia de conexión, unidad y Amor Incondicional.
Y quizá llegue un momento en el que las palabras ya no sean suficientes.
Porque hay experiencias que no pueden explicarse completamente desde el lenguaje ordinario.
Se experimentan.
Un camino hacia nuestro interior
Los tres espacios de Tot Consciència —Redención, Rendición y Expansión— pueden entenderse como diferentes momentos de un mismo proceso.
Primero, tomamos consciencia.
Después, aprendemos a estar presentes y a rendirnos ante aquello que somos y ante aquello que es.
Y, desde ahí, podemos abrirnos a una expansión de nuestra consciencia y a una experiencia más profunda de unidad.
No se trata de llegar a un lugar concreto.
No se trata de ser perfectos.
No se trata de dejar de pensar, de no sentir emociones o de escapar de nuestra experiencia humana.
Se trata de volver a nuestro centro una y otra vez.
De reconocer cuándo nos hemos desviado.
De observar.
De respirar.
De estar.
De soltar.
De recordar.
Y, sobre todo, de permitirnos experimentar nuestro propio camino.
Quizá encontrar nuestro eje no consista en hacer más.
Quizá, en determinados momentos, consista precisamente en dejar de hacer y empezar a estar.
Estar presentes.
Estar conscientes.
Estar disponibles para la vida.
Y descubrir, poco a poco, que aquello que buscábamos fuera quizá siempre había estado dentro.
